Premio Nobel de Química

SEMBLANZA Premio Nobel de Química 2026 (por F. Bisogno)

“¿Te gustaría vivir en la casa del espejo, gatito? Me pregunto si te darían leche allí; pero a lo mejor la leche del espejo no es buena para beber”. Charles Lutwidge Dodgson “Lewis Carroll” (1871). A través del espejo y lo que Alicia encontró allí


La síntesis orgánica asimétrica es el arte de construir una forma quiral de una molécula (un enantiómero) en lugar de otra. Generalmente, esta selectividad se logra mediante el uso de un catalizador o un aditivo quiral que, en esencia, induce a que el producto de la reacción tenga un arreglo molecular definido: una de las dos posibles imágenes especulares, o enantiómeros.

Entender que los organismos vivos en nuestro planeta comparten la misma quiralidad (homoquiralidad) en prácticamente todos los aminoácidos que conforman sus proteínas, así como en los azúcares que forman parte de sus sistemas de almacenamiento de energía y que codifican sus características hereditarias, resulta fascinante desde hace décadas. Una de las preguntas originales se relaciona con el origen de la homoquiralidad en las biomoléculas. En tiempos prebióticos, ¿cuál fue el evento decisivo que favoreció una forma óptica por sobre la opuesta? ¿Fue producto del azar o fue inducido por un agente externo a este planeta? Estocásticos y deterministas, respectivamente, han debatido largamente sobre este tópico.

Durante años, los químicos han intentado reproducir (acaso, ¿reinventar?) en el laboratorio condiciones que permitan establecer un evento de ruptura de simetría del espejo en sistemas químicos.

Los deterministas prefieren confiar en que dicho evento fue producto de agentes externos, como un meteorito o esporas de hongos sembrados desde naves interestelares.

Los estocásticos, en cambio, sostienen que, una vez rota espontáneamente por azar, la quiralidad puede preservarse y propagarse al entorno, siempre que la etapa de ruptura de simetría esté acoplada a una etapa secuencial de amplificación eficiente mediante reacciones de autorreplicación. Una característica común de estos sistemas es que tienen en cuenta pequeñas fluctuaciones respecto al estado racémico y presentan efectos cinéticos no lineales inducidos por autoensamblajes supramoleculares diastereoisoméricos que exhiben propiedades físicas o químicas diferentes.

En este escenario, Henry Kagan (Francia) y Kenso Soai (Japón) desarrollaron, cada uno por su lado, formas de aproximarse a ese problema. Kagan aportó desde la descripción de sistemas catalíticos de oxidación y de adición cuyas cinéticas no se ajustan a comportamientos lineales. Por su parte, Soai describió cómo un sistema catalítico en una reacción de adición con un leve exceso enantiomérico podía amplificarlo hasta alcanzar una estereoselectividad casi perfecta.

El estudio de problemas fundamentales y sus consecuencias en nuestro entorno es, a todas luces (o, a casi todas), un ejemplo de cómo la ciencia básica va autorreplicándose para generar conocimiento y recursos humanos formados con perspectiva científica. Sin duda, los desarrollos tecnológicos que han surgido a partir de tales conocimientos tienen hoy un impacto de suma relevancia para mejorar la calidad de vida de la población, como la biotecnología o la ciencia de materiales. Los avances en salud, la seguridad alimentaria, los estudios sobre la radiación o el clima, por nombrar algunos, nos recuerdan constantemente la importancia de la investigación básica. Esto debe asegurarse principalmente en instituciones que integran el ecosistema de CyT nacional, como política de Estado (y no dictado únicamente por el mercado), para abordar fenómenos fisicoquímicos que darán fundamento a las respuestas tecnológicas actuales y futuras.

Hoy, siete de octubre de 2026, la Academia Sueca ha galardonado con el Premio Nobel de Química (edición 2026) a H. Kagan y a K. Soai, poniendo de relieve a la síntesis orgánica asimétrica frente a toda la comunidad científica y la sociedad en general.